Mi papá (no) me quiere
La mentira siempre forma parte de nuestras vidas. Cuando somos chicos mentimos todo el tiempo. Miles de veces decimos que no hicimos algo cuando es evidente que fuimos nosotros. Como por ejemplo alguno pinta la pared de una habitación y viene papá o mamá. Entonces, uno dice “yo no fui”, escondiendo el marcador atrás de la espalda. A medida que crecemos, evolucionamos. Y también nos perfeccionamos como mentirosos. El que miente descaradamente, queda en evidencia enseguida. Es por eso que la mentira suele pasar a ser más hipocresía. Uno dice que nunca haría tal cosa y la termina haciendo. Y ese es un aspecto que demuestra que seguimos siendo niños.
Mauricio Macri está pasando por su momento más complicado en materia política. Y, justo cuando debería demostrar que ya es un candidato crecido y un funcionario maduro, demuestra que sigue siendo un niño.
El mayor problema de Macri es que durante muchísimo tiempo se hizo el abanderado de la moralidad, y basta con rascar un poquito para ver que no es tan así. Repasemos.
En momentos de la famosa campaña kirchnerista que decía todo el tiempo “Mauricio, que es Macri”, el hombre que acaba de afeitarse los bigotes luchaba por despegarse de ciertas sospechas de corrupción que involucraban a su familia. Y entonces empezó a decir que él iba a despedir a los trabajadores ñoquis, que habría licitaciones claras, que el Gobierno lo criticaba pero que nunca se sometía a la Justicia, etcétera.
Y un buen día se dio vuelta la tortilla.
Ahora lo tenemos a Macri en plena acusación por asociación ilícita. Una denuncia que asegura que Mauricio ordenó escuchas ilegales, con lo peor del pasado de la Argentina como los Servicios Secretos involucrados. Y lo mejor que se le ocurre al jefe de Gobierno porteño es denostar al Poder Judicial.
Yo entiendo que Norberto Oyarbide es un juez muy sospechado. Y que uno podía dudar de sus verdaderos intereses. Pero ya cuando una Cámara ratifica lo hecho hasta hoy, y cuando tus propios políticos cercanos (dentro de la oposición) como Felipe Solá o Elisa Carrió defienden el fallo, te tenés que callar la boca y acatar.
No estoy diciendo que Macri sea culpable. Tampoco digo que es inocente. Digo que tiene que quedar probado judicialmente. Y él debe someterse sin hacer tanto berrinche.
Si Macri apunta a ser Presidente, no puede atacar a uno de los tres poderes por seguirle una causa. Lo correcto sería, obviamente, mantener su postura, pero enfrentar con grandeza la situación. No apuntarle a Néstor Kirchner.
Ojo, tampoco es que en esto despego al oficialismo. Es casi irónico que un Gobierno del que se dice que inspecciona a oficialistas y opositores, a periodistas y hasta a actores no sea investigado por escuchas ilegales. Pero eso es materia de otra discusión. Es como querer que castiguen al otro porque es tan inmoral como uno.
La virtud ética comienza corrigiéndose en casa.
Ya es hora de que Macri adopte una postura adulta y entienda que, mientras quiera estar en la arena política, tiene que someterse a sus reglas.