Matar al mensajero
“Ningún emprendimiento funciona si el jefe no conoce todos los detalles de cada tarea”.
Como hijo de comerciante, crecí escuchando esta frase, que además de descriptiva tenía un tono aleccionador para que uno se dedicara por entero al proyecto que encarase. Y a lo largo de mi vida, todos y cada uno de los responsables de un grupo de gente (ya sean prestadores de servicio, dueños de restaurantes, profesores o abogados) coincidieron en que para que las cosas marchen, es necesario que la cabeza del equipo sepa bien qué está pasando, o al menos tenga la confianza de que los que están a su cargo cumplen las tareas del modo en que él quiere que sean realizadas.
Criticar al Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, parece ser el deporte de moda en la Argentina, pero el multi-ministro y flamante Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, lo dejó tan en claro que hasta recibió una reprimenda desde la Rosada: nada de lo que hace Moreno se lleva a cabo sin la aprobación de la Presidenta.
El apriete a empresarios, la destrucción del INDEC y los acuerdos con las distintas cámaras productivas del país tuvieron el visto bueno del matrimonio Kirchner, y sólo por eso Moreno avanzó. Y sin embargo, tanto la oposición como sectores del propio kirchnerismo reclaman una salida del polémico funcionario. Está claro que si Moreno se va, será sólo un chivo expiatorio, un modo de oxigenar a un Gobierno que no parece tener ganas de cambiar de aire. Ahora, ¿qué hace pensar que una expulsión del Secretario de Comercio le otorgará una bocanada de viento fresco a Cristina Fernández? No olvidemos que ya hubo varios casos que deberían haber servido para eso pero que por la carencia total de cintura política fueron desaprovechados, y enumero: La salida de Martín Lousteau debería haber servido para dar marcha atrás con la resolución 125 que tantos dolores de cabeza terminaron causando (y esto más allá de si uno está o no a favor con la medida); la renuncia de Alberto Fernández podría haber generado un mayor espectro dialoguista (aunque es el propio Alberto el que hoy se presenta como puente entre el PJ y kirchneristas desencantados); se podría haber hecho bandera de una lucha contra la corrupción gracias a la salida de Ricardo Jaime; y la última vez que echaron a perder la chance fue con el falso cambio de Gabinete, que no fue sino un enroque ministerial para una reclusión entre las tropas más fieles (Aníbal me cae simpático, pero convengamos en que no parece el mejor hombre para encarar un diálogo, siendo que definió a los dos máximos líderes de la oposición como “un nene rico que nunca trabajó” y “una pirucha mística”).
Además del tema Moreno que, reitero, en el caso de irse será sólo una aspirina a un modo de encarar asuntos económicos, se espera para esta semana el inicio de las “conversaciones multisectoriales”. La Presidente llamó a sindicatos, empresarios, representantes del campo y de la oposición a sentarse a una mesa a dialogar. Si hay un gesto de derrota, más que el cambio entre los ministros, es esta citación desesperada. Pero decisión que me parece correcta: no sólo quedan cinco meses de un Congreso a la espera de recambio, sino también dos años de gobierno en los que el país no puede darse el lujo de esperar a que las cosas sucedan.
Ahora bien, los que me preocupan más que los malos perdedores, son los malos ganadores. Hay muchos opositores que se tientan con la idea de hacer oídos sordos a la convocatoria presidencial, asegurando que ahora son ellos los que marcan las reglas. Hay quienes dentro del espectro De Narváez-Solá y la rama más dura del Acuerdo Cívico rechazan los encuentros, y ya hemos visto cómo los gobernadores justicialistas dejaron más solo que nunca al mandatario bonaerense y presidente del PJ Daniel Scioli.
Sería ricículo que los antikirchneristas crean que lograron solamente votos propios y cautivos: el 28 hubo más voto “contra” que “a favor”. Y si la oposición no está a la altura de las circunstancias, será tan responsable de un nuevo tropezón como lo ha sido el kirchnerismo desde 2007.


no entiendo mucho de polìtica, tampoco me interesa tanto, pero tratàndose de nosotros siempre es bueno entender lo que està pasando, asi que agradezco tus columnas, entiendo como un cuentito todo!!!
bueno te mando un beso y gracias por todas las mañanas hermosas en la radio…
Muy buen posteo.
Saludos.
Martín, desde que te leo, nunca estuve tan de acuerdo con “Cosa Pensada” como esta vez.
Personalmente estoy bastante desesperanzada con la convocatoria del Gobierno. Me recuerda a la constitución del Consejo Económico y Social que nunca se implementó. Cuando surgió la propuesta, también desde la Casa Rosada, yo trabajaba en una cámara empresaria. El objetivo primero era que representantes de todos los sectores debatieran propuestas de políticas mediano y largo plazo. Las reuniones eran en el Ministerio de Planificación y únicamente había una entidad vinculada a la industria, una al comercio, una a la construcción, y una a los bancos; la más grande de cada sector, pero no la única. Obviamente, en aquel momento tampoco se invitó a las entidades del campo a participar y la agenda de trabajo estaba delimitada por el Gobierno.
Lo que te puedo decir es que desde el sector privado se trabajo mucho en pos de ese acuerdo, y no se hizo nada con eso. Por eso entiendo que ahora las cámaras empresarias y la oposición pongan condiciones para involucrarse. La sensación es un poco “ahora que te estás ahogando nos llamás”; el CES durante el conflicto con el campo y esta propuesta después de la derrota electoral. El llamado al diálogo tendría que haber surgido desde la toma de posesión, ya que todos los actores políticos construyen la democracia. Obviamente las decisiones las toma uno, para eso se eligen los representantes, pero escuchando a todos los sectores en todos los momentos.
L.