
(Texto escrito para Abrí los ojos)
Recuerdo las sucesivas internaciones del Diego Armando Maradona obeso de hace no mucho tiempo. Por esos días lamentables para quienes reconocemos en el Diez a un grande del fútbol -y el error está en considerarlo un genio en otros ámbitos, pero ese es otro tema-, un amigo me dijo que eso era lógico en la Argentina. “Lo que pasa“, me explicó, “es que nuestro país ama devorarse a sus ídolos“. Ante mi mirada de incredulidad, prosiguió asegurando que la sociedad debe cuidar a sus notables, y enseguida comenzó a enumerar los casos que para él demostraban una falta de compromiso por parte del público: exilios como los vividos por Borges o Cortázar; muertes como la de Luca Prodan; necesidad de reconocimiento afuera antes que adentro como sucede en el mundo del cine.
Pero hace no mucho comenzó una revitalización. Al ver los sucesivos casos, lo autodenominé como el “Síndrome del Ave Fénix“.
El primero fue Andrés Calamaro. Después de una desaparición y posterior aislamiento, luego de lo que parecía una debacle en su carrera, resurgió con el brillante disco “El Cantante“. De a poco retomó la actividad y hoy podría decirse que se encuentra en el mejor momento de su carrera solista, agotando entradas cada vez que toca aquí o en el exterior.
Le siguió el aparentemente inmortal y antes mencionado Diego Armando. Su primera reaparición nos lo mostró flaco, sonriente y líder del rating. Es cierto que “La Noche del 10” como producto televisivo era un megashow vacío, la ultrafarandulización de nuestro hijo más prodigioso, pero bueno: ahí estaba Diego haciendo jueguito nuevamente, sólo que esta vez para millones de televidentes. Por suerte regresó al ámbito al que pertenece y hoy es el Director Técnico de la Selección.
Fito Páez está a punto de rehacer erupción. Hubo un período hasta hace un año aproximadamente en el que su material demostró ser muy inferior a lo que nos había acostumbrado, pero tuve la suerte de verlo hace apenas unos meses y realmente está regresando. Volvió a rockear en vivo y creo que todavía queda mucho por venir.
Pero claro, faltaba el más brillante de nuestros poetas contemporáneos. Ese que parecía que nunca se “rescataría”. Y sin embargo, el genio renació.
Charly sonríe desde las páginas de los medios gráficos, disfruta de ese nuevo look con peinado casi flogger y unos saludables kilos de más… ¡si hasta asegura que le gustaría ser padre y formar una familia! El retorno de Carlos García, amo y señor del rock nacional -junto al menos popular pero no por eso de menor peso específico Luis Alberto Spinetta- quizá sirva como frutilla del postre, como símbolo de cambio por nuestras costas.
Lo único que falta, y esto es necesario mencionarlo, es lo que suceda del otro lado. Charly hizo lo suyo. Se recompuso. Fue a boxes y aparentemente volvió a largar con todo. Lo que evidentemente reclama es ahora una muestra de cariño del público.
Espero que se de.
Como sea, yo estaré entre los que lo vitoreen en cuanto regrese al escenario.


Bicho, que linda columna, ojalá a charly el publico, q yo creo no le va a faltar, lo reciba con cariño, pero sobre todo los medios que lo traten con un poco mas de respeto. Ahora, no es mucho lo de Cadena Naional?
Te leo siempre, mis felicitaciones!